La tradición se construye día a día

La idea, cuenta el programa de mano del show, y relata Gilberto Gil con su modo afable y didáctico, en su esforzado pero eficaz español, surgió en un espectáculo anterior de voz y guitarra, al comprobar lo bien que se sumaba en estas presentaciones “la elegante guitarra” de Bem Gil, joven y talentoso vástago. Otra incorporación de valor fue la de Jacques Morelenbaum y su reconocido violoncello. Y más tarde la de Nicolas Krassik, heredero de la tradición francesa de violinistas de jazz admiradores de la música brasileña, residente desde hace diez años en Brasil. Hasta allí quedaba plasmado un Concerto de cordas. Un quinto integrante, el admirable Gustavo de Dalva –a quien bien podría presentarse como multipercusionista, dada la cantidad de instrumentos a los que saca ritmo con manos y pies, al mismo tiempo–, hizo aparecer el rasgo distintivo de este proyecto: el de un ensamble que logra conjugar procedencias espaciales y temporales disímiles, para ponerlas a sonar al ritmo de la mejor tradición de la MPB, de la que forma parte el sello compositivo de Gil.

Se formó así el Concerto de cordas e maquinas de ritmo, máquinas que tienen que ver con ritmos que dicta la tradición, y también las que traen los sonidos contemporáneos de la electrónica, aunque estas últimas presentadas tan sólo como sutiles toques contextuales. Suenan dispuestas en ajustado ensamble con las cuerdas de los instrumentos, y también las de la garganta de Gil, que ya no tiene toda la fuerza impecable de antaño, pero sigue regalando juegos y delicadezas expresivas. Fue lo que disfrutó y agradeció el jueves pasado un entusiasta Gran Rex lleno casi en su totalidad, en un repertorio compuesto por temas de todas las épocas del bahiano –desde “Futurível”, de los ’70, hasta la apertura con “Maquina de ritmo”, pasando por “Eu vim da Bahia”, la bella “Estrela” o “La renaissance africaine”, composición en francés–, pero que convocó también a Antonio Carlos Jobim (“Outra vez”), Dorival Caymmi (“Saudade da Bahia”), Luis Gonzaga (“Juazeiro”), y también hizo lugar al bolero “Tres palabras”, en español.

El público recibió entonces a la figura admirada, al icono de la música igualmente admirada, pero que no llega asumiendo su rol de clásico –rol que el bahiano, por otra parte, nunca se calzó en su constante construcción, deconstrucción y reconstrucción musical– sino para mostrar un nuevo y desafiante proyecto. El espectáculo es original e intimista, aunque no despojado. Están las versiones que ganan un ropaje más “europeo”, con el toque del maestro Morelenbaum como arreglador –la melodía de “Estrela”, por ejemplo–, las que adquieren sutiles toques electrónicos, como “Juazeiro” –aunque siempre marcados por las “máquinas” más tradicionales, pura destreza rítmica de Di Dalva en el pandeiro–, o las que ganan fuerza tradicional, como “Lamento sertanejo”. El disco que recoge el nombre del concierto –Concerto de cordas & máquinas de ritmo– llegó a ser editado en la Argentina por RP Music justo para esta presentación en el Gran Rex, saliendo a la venta aun antes que en Brasil. El CD captura algunas de estas versiones de la presentación en vivo en el Teatro Municipal de Río de Janeiro, en mayo pasado, donde se sumó aquella vez una orquesta sinfónica, y resulta una buena manera de preservar el espíritu del concierto.

Con uno y otro despliegue, Gil y compañía logran un universo rítmico que abreva tanto en lo moderno como en la tradición, en el pop como en lo regional, en la aldea propia como en la universal. Lo cual ha sido, en definitiva, la original marca que ha acompañado todo el trabajo de este genial compositor.



in El Pais - Argentina, 08.09.2012
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