Todos los sentidos a toda orquesta

Diego Jemio

El nuevo disco de Gilberto Gil se llama Concerto de cordas & máquinas de ritmo . Tiene una tapa blanca (ver foto). De forma horizontal, aparecen seis cuerdas de una guitarra. Y los caracteres de una vieja máquina de escribir, con la g mayúscula y minúscula, para formar su nombre. Es sencilla, clásica y bellísima, como el recital que dio el jueves en el Gran Rex.

En 2004, el músico de Bahía editó Electroacústico (ganador del Grammy), en el que ponía un toque artificial de máquinas a su voz y guitarra. Dos años después, hizo Luminoso , quizá su disco más bello y lúcido, con la autosuficiencia de voz y violão . En esta propuesta, con producción y orquestación del eximio Jaques Morelenbaum, presentó una formación sinfónica, con percusión y efectos electrónicos.

En Buenos Aires, la formación fue reducida a un ensamble: Morelenbaum (violonchelo), Bem Gil (guitarra), Nicolas Krassik (violín) y Gustavo Di Dalva (percusión). En un concierto exquisito de casi dos horas, Gil recogió canciones de las diferentes etapas de su carrera e hizo otras de artistas como Jimi Hendrix, Dorival Caymmi y Jobim. Navegó con gran naturalidad - con esa naturalidad tan orgánica- por el rock, la samba, la bossa nova, el bolero y otras músicas.

A los 70 años y 50 de carrera, la destreza como guitarrista sigue intacta. La voz puede aparecer cascada, pero sigue sonando sabia y expresiva. La nueva exploración de este disco es la celebración de la mixtura, desde el Gil de las canciones clásicas de Bahía hasta el que canta en inglés y francés.

Lejos de estancarse en la propuesta sinfónica, el registro cambió en cada una de las canciones. Se apoyó en las cuerdas; en la excepcional “máquina de ritmos” del percusionista Di Dalva, que toca pandereta, berimbau y cajón peruano con la misma elegancia; en el chelo de Morelenbaum. Y, claro, en expresión vocal de Gil, que suena como un instrumento afinado, que incursiona en los graves y en falsetes deliciosos.

Futurível -realizada cuando estuvo preso-, Domingo no parque , Máquina de tiempo y Eu vim da Bahia fueron algunas de las obras con las que arrancó el concierto.

Uno de los momentos más altos y de mayor intimidad de la noche fue su versión de N âo tenho medo da morte . Usó la guitarra sólo como instrumento de percusión, golpeando la madera con el dedo índice y el pulgar. “No tengo miedo de la muerte, pero sí miedo de morir”, cantó, ronco, oscuro, como si la muerte estuviese esperando que el mortal músico terminara su canción para llevárselo.

“Morir aún es aquí/en la vida, en el sol, en el aire/aún puede haber dolor o ganas de mear”, sigue, poniendo filosofía y humor -un sello del tropicalismo- en una misma canción. Y la platea ríe. Algunos piden un bis. Gil sale otra vez al escenario y toca O viramundo . El viejo bahiano sonríe mostrando los dientes blancos. Todos se van felices, llenos de música.



in Clarin - Argentina, 07.09.2012
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